Así fue el taller de tambores venezolanos que tuvimos el honor de impartir para el publico durante El Cachapa Day, de la mano de Issel Mejias y gracias a nuestro equipo de bailarines, convertimos un espacio común en un espacio donde la cultura se sirvió caliente, con ritmo y mucha identidad.
El tambor hizo lo que mejor sabe hacer: convocar. Convocó cuerpos, historias, sonrisas curiosas y manos dispuestas a aprender, incluso de quienes nunca antes habían tocado uno. Porque el tambor venezolano no pide experiencia, pide presencia.
Durante el taller exploramos los ritmos tradicionales, su origen y su sentido colectivo. Hablamos de cómo el tambor nació para la comunidad, para la celebración, para el encuentro. Cada patrón rítmico tenía una historia detrás y cada participante aportó la suya al círculo.
Lo más bonito fue ver cómo, poco a poco, el miedo a equivocarse se disolvía. El ritmo se volvía común, compartido. Y aprendimos, la pasamos bien, compartimos cultura y salimos con una bonita experiencia.
El Cachapa Day fue el escenario perfecto para este taller: comida que sabe a hogar, gente abierta, risas, curiosidad y respeto por las raíces. Un recordatorio de que la cultura vive cuando se practica, cuando se toca, cuando se baila y se transmite.
Gracias a todas las personas que participaron, a quienes se dejaron llevar por el ritmo y a quienes sostienen estos espacios donde lo nuestro sigue sonando fuerte, incluso lejos de casa.
El tambor sigue vibrando. Y mientras lo haga, seguiremos encontrándonos.
Gracias nuevamente a Mireia Menes por capturar estos momentos, compartimos algunas fotos del taller.











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